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Pueblos forestales: Herencias del tanino

Pueblos forestales: Herencias del tanino

La estructura de La Gallareta es casi igual a la que se construyó para sostener el imperio de "La forestal", la empresa que explotó el quebracho colorado en el norte del país. El centenario pueblo tiene hoy unos 2.500 habitantes, aunque en su período de trabajo pleno unas 18 mil almas construyeron su vida en torno a la chimenea de la fábrica extractora del tanino, una sustancia que se utiliza para curtir el cuero y en la industria armamentística. La Gallareta forma parte del circuito de Pueblos Forestales, una red que rescata la polémica historia de "La Forestal" y encuentra un sentido en contar esa historia.

La ciudad festeja este año su centenario, aunque la fecha cierta de su fundación se desconoce. Algunos documentos, como el de solicitud de llegada de las líneas telefónicas, datan de 1906, lo que impulsó la celebración. La decisión despertó debates porque se estima que entonces el poblado ya existía. De hecho, en el cementerio se encuentran placas de 1901 y esas personas ya residían en el pueblo.

La Gallareta se encuentra a 250 kilómetros de Santa Fe, entre Vera, al norte y Margarita, al sur. El camino para llegar sigue la ruta 11 hasta el kilómetro 704, se empalma con ruta 83, y se transitan 17 kilómetros hasta encontrar la población.

El caserío se distribuye a una altura pareja en la tierra llana del norte. Son casas bajas, con patios extensos. Sobre los techos se recorta, hacia el cielo, la chimenea de la vieja fábrica.

La Gallareta fue trazada de acuerdo a las costumbres de los dueños de la fábrica, de origen inglés. Una plaza central, que concentra a su alrededor la escuela y las casas que utilizaban las personas de mayores cargos dentro de la fábrica, como el gerente, los ingenieros, o el químico conocedor de las fórmulas para conseguir los productos terminados. Las casas se entregaban a las personas designadas para esos cargos, igual que las de los empleados, y todos debían entregarla a sus sucesores al momento de dejar la tarea.

La iglesia, a diferencia de los pueblos trazados acorde a las tradiciones latinas española e itálica, se encuentra unas cuadras alejada de ese centro. Casi a la misma distancia está el esqueleto de la fábrica, coronada -literalmente- por una chimenea.

La corona ubicada sobre la chimenea es réplica y símbolo de la corona británica. Conservó su lugar hasta una tormenta que la hizo caer en 1983, y ahora está asentada en el patio del museo, ubicado frente a la plaza.

Alrededor, se encuentran las construcciones de lo que fueron casas de bailes, las solterías, o la casa de las visitas, todas propiedades pertenecientes a La Forestal.

Esas casas recibían a autoridades británicas, aristócratas y personal jerárquico de la empresa que llegaba al pueblo, que contaba con los servicios adecuados al confort al que estaban acostumbrados, y con instalaciones para continuar la práctica de deportes como el golf, el tenis o el fútbol.

Muchas de las propiedades se encuentran abandonadas y deterioradas por el tiempo, en manos de propietarios privados que no residen en el pueblo. Otras, como la casa del químico, fue restaurada y readaptada para funcionar como museo y biblioteca.

Dentro del patrimonio de la biblioteca se encuentran documentales y películas filmadas por la misma empresa que muestran el funcionamiento de La Forestal y el desempeño de los trabajadores.


Rastros
El museo "La gallareta forestal" conserva parte de la historia del pueblo. Un gran cuarto en lo que fue la "casa del químico"- un personaje de gran prestigio en la organización de la fábrica y , por extensión, la ciudad- muestra los "rostros del trabajo", colección de fotografías de los empleados de la firma con sus ocupaciones, las planillas de trabajo y las rutinas diarias.

Al lado, un mapa indica la extensión que tuvo la empresa: más de 2 millones 300 mil hectáreas, 1.937.487 en Santa Fe y 382.688 en Chaco, organizadas en poblaciones proveedoras de diferentes servicios y conectadas por una red vial propia.

Los quebrachos se tumbaban en el monte, se desgajaban con hachas, se convertían en vigas y se cargaban hacia la playa. Desde allí, un tren recogía los troncos y los transportaba hasta la aserrinera, donde se completaba el proceso. Los detalles del recorrido los transmite Adolfo María Campos, Carpi, un maestro jubilado de La Gallareta que oficia de guía en el museo.

"El tanino era un recurso de guerra -cuenta Campos-. Se exportaba a Estados Unidos desde Puerto Tirol para trabajar el cuero que se utilizaba en la fábrica de armas".

"Cada aserrinera tenía 20 cuchillas para hacer aserrín, lo tiraban sobre los difusores donde se lo hervía", explica Campos. La producción en línea está esquematizada en gráficos sobre las paredes del museo. A la aserrinera le seguía la caldera, la sala de máquinas y la extractería, de donde salía el producto listo para combinar con químicos, para completar los diferentes tipos de tanino. El aserrín "agotado" alimentaba las calderas de la fábrica. Las bolsas de tanino, unas piedritas pequeñas de color variable de acuerdo a su tipo, salían de las fábricas por vía ferroviaria hasta los puertos, describe Campos.

Unos 1.800 empleados directos completaban el circuito de la fábrica; pero el doble de trabajadores estaba ligado a la producción de modo indirecto. Estos eran los que soportaban las peores condiciones de empleo, de acuerdo a los testimonios de algunos ex empleados de la fábrica.

En el suelo del museo se distribuyen algunas de las herramientas que utilizaban los trabajadores.

Las miradas sobre el desempeño de la empresa como empleadora están divididas. Unos denuncian la explotación y el desamparo en el que quedó el pueblo cuando la empresa se retiró, junto a la activa ausencia de una política de Estado. Otros rescatan la cultura del trabajo, el crecimiento que impulsó la firma en la región y la infraestructura de servicios que llegó con la fábrica. Las ciudades tienen agua corriente, cloacas y teléfono desde principios del siglo pasado. Y supo tener su propia red vial, que unía a los pueblos forestales y los ligaba con los puertos más importantes del país.

"La Forestal nos dejó una historia que genera polémica permanente entre los que la critican y los que añoran con nostalgia una época de esplendor", plantean los pobladores.

A la hora de rescatar lo que fue la cultura de los pueblos forestales, los voceros prefieren presentar las diferencias y centrarse en la recuperación de las historias. Este año se realizó en Villa Guillermina el Segundo Encuentro de Pueblos Forestales que sigue esa línea de trabajo en la recuperación de la memoria regional.

La Gallareta no cuenta con una gran infraestructura turística. Aún así, los visitantes pueden alojarse en el residencial "Don Ernesto Crowder" o en casas de familia, que pueden contactar en la misma biblioteca o la comuna. También hay una zona de camping y un complejo polideportivo con pileta de natación para épocas estivales.

Cerca del pueblo se encuentra la reserva provincial de la laguna El Palmar, un ecosistema único en la provincia, y los arroyos Golondrina y Calchaquí, aptos para la navegación, la práctica de deportes acuáticos, el avistaje de aves y los safaris fotográficos.

 
 

Ubicación geográfica


 
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